El lugar más profundo de Leo es el corazón, ese lugar en donde late la vida que algo misterioso nos ha dado, en donde se despliega la fuerza conmovedora de lo que nos habita, desde donde nos es posible escuchar lo que realmente somos. Nuestro corazón es un espacio entre lo divino y lo terrestre, lo que nos une con el cosmos y lo que nos hace a la vez ser quienes somos realmente. Frente a los deseos que habitan en él, no hay nada que hacer. Nada, salvo entregarnos y aceptar lo que nos habita; o resistirnos y pelearnos con lo que el misterio hizo anidar allí.
Desde el corazón surge la generosidad y el amor, la pasión y la vitalidad que recorre nuestro cuerpo y nos hace zambullirnos en la realidad con una sonrisa en la cara.
En este signo de fuego, podemos traer la imagen del fogón alrededor del cual todos se sientan, que ocupa un lugar central en la escena. En ese centro está la identidad: quién soy, qué quiero, qué tengo para dar.
El segundo fuego
En Aries el yo existe sin saberse: hay impulso, estallido, potencia. No hay aldea, no hay adentro. Solo hay un adelante que convoca.
En Leo hay una elección. Hay una aldea real, un adentro real, y este yo decide salir. Podría quedarse. Y sin embargo se levanta, cruza el umbral y se prueba a sí mismo en la selva. No deja de ser fuego. Pero es un fuego más elaborado, más consciente de sí.
Deseo y capricho
En el capricho hay carencia: quiero algo que, cuando lo consigo, me sigue faltando, me vuelve a faltar. La carencia lidia siempre con el vacío.
El deseo funciona de otro modo. No se trata de encontrar algo ni de llenarse con algo. El deseo produce. Desde el deseo uno hace, construye, crea. El músico que ama su música no está en el escenario buscando aplausos. Está ahí por una relación devocional con su propia obra, con esa creación que lo emociona.
El deseo hace que el vacío se vuelva espacio, en el que un pueblo entero danza, celebra, se encuentra.
La mirada
Hay dos formas de convocar la atención. Una es hacer el chiste que el público quiere escuchar, para recibir el aplauso. La otra es estar en el escenario amando lo que se hace, compartiendo la pasión que genera lo que se está poniendo en juego. Las dos son leoninas. Lo más potente de Leo pasa cuando a la persona leonina no le importa si la miran o no la miran, porque su corazón está embriagado de pasión.
Hay también en este signo mucho coraje. Una cierta disposición a la aventura, al riesgo, a descubrir de qué se es capaz. Algo de comerse la vida, de ir al encuentro del destino con valentía.
Lo dorado y lo crístico
Leo es dorado como el sol y como el propio oro, en su valiosa pureza. El fin último de la alquimia es transmutar lo tosco de la materia para acercarnos a la esencia divina que habita en nosotros.
Lo crístico implica que un pedacito de dios está dentro nuestro, que somos como un cáliz que recibe una pequeña chispa divina que anima nuestra existencia y nos permite vivir. Aprender a escucharnos es aprender a reconocer esa luz silenciosa que habita dentro nuestro como un eco de todo lo que, por comodidad, llamamos dios.
El reconocimiento
Hay un sonido que somos, muy específico, muy singular, muy único. El proceso de reconocer ese sonido es complejo y lleva tiempo. Aparece en los vínculos, en las repeticiones.
Me encontré con esta persona, con esta situación en donde algo me suena, me resulta familiar. Hay algo mío sonando allí.
El reconocimiento del propio sonido es un arte delicado en el que el premio es el proceso: aproximarse a la propia esencia es tan deslumbrante y alegre como humilde. Nos llena de orgullo y de generosidad.
Oficios leoninos
La actuación, el canto, el mundo del espectáculo. La docencia. El liderazgo que no ordena sino que enciende.
Pero también hay formas leoninas de llevar adelante cualquier oficio: poner una panadería con el propio nombre, tener ese lugar de referencia dentro de lo que se hace, ser la voz que marca el modo en que las cosas se hacen.
Lo leonino no es solo subirse a un escenario. Es ponerse en un lugar importante dentro de lo que se hace, y desde ahí, encender a los demás.
Rige el corazón y el sistema circulatorio.
Si no sabés qué tenés en Leo...
Si no sabés qué tenés en Leo...
Podés buscar en tu carta el símbolo de Leo ♌ y ver qué planetas y qué casa están ahí.
Si no sabés cuál es el planeta que está en Leo porque no conocés el símbolo, fijate acá abajo que al lado de los nombres de cada planeta está el símbolo.
Los Planetas
El Sol
El Sol
Cuando el Sol está en el signo de Leo, nos invita a brillar, a ocupar el centro de la escena, a aprender a reconocer el fuego que habita en nuestro interior y admirarlo, a detenernos mirándolo, a posar nuestros ojos suavemente en ese fuego y darle a nuestra pasión, a nuestro entusiasmo, a nuestra vitalidad, un lugar central en nuestra vida.
Quiero decir, el centro puede ocuparse tanto por una necesidad de convocar la mirada ajena como por una necesidad de desplegar la propia potencia. Lo que habita de modo inmanente en nosotrxs busca un espacio de despliegue y, al desplegarse, convoca inevitablemente la mirada del otrx.
Para poder habitar el mundo de este modo es necesario permitirse salir del radar, al menos momentáneamente, dejar de estar en el centro para poder concentrarse en lo que realmente hay dentro.
En cuanto la mirada reconoce lo que late en nuestro corazón, podemos construir los permisos suficientes para dejar salir esto que somos y, desde allí, encontrarnos con el mundo que nos cobija y nos contiene.
La imagen: un dragón duerme en las puertas de la caverna. El Sol se levanta por el horizonte. Apenas está clareando. El dragón suspira en sueños.
La Luna
La Luna
Cuando la Luna está en Leo, la necesidad de mirada y de reconocimiento convive con una incómoda vergüenza de convocar ese nivel de atención.
Quiero decir, por un lado, necesitamos que nos vean y nos reconozcan para sentir seguridad. Y, por el otro, nos avergüenza y nos incomoda necesitar tanta atención.
Conquistar primero la posibilidad de ocupar el centro de la escena, aunque más no sea haciendo las pantomimas que nuestro entorno demanda para otorgar esa mirada y ese reconocimiento. Y, en un segundo momento, permitirnos sentir la profunda confianza que abre nuestro pecho a entregar al mundo lo que tenemos para dar, para decir, para compartir: armar dentro nuestro el nido que aloja los deseos que necesitan justamente espacio, tiempo y entrega para poder crecer y desarrollarse, y cuidar y cuidarnos de forma tal que lo que somos pueda desarrollarse y compartirse.
La imagen: un bebé se mueve apenas en su cuna, convocando la infinita ternura de su madre y de su padre, que sienten dicha con solo ver ese simple y pequeño movimiento de su adoradx hijx.
Mercurio
Mercurio
Mercurio en el signo de Leo hace de nuestra comunicación un espacio para desplegar las pasiones que habitan dentro nuestro.
Comprendo con mucha facilidad esas cosas que se asocian a mis pasiones, a mi deseo, y me cuesta aprender y comprender lo que queda lejos, lo que es ajeno a mi corazón, a mi deseo, a mi voluntad.
Comunicar es una forma de compartir lo que habita dentro nuestro con quienes están a nuestro alrededor. Es una forma de entregar el calor que está en nuestro corazón a lxs demás, pero también de dejar que el mundo entre dentro nuestro, de encontrarnos con lxs demás. No porque nuestra singularidad no esté representada en nuestra existencia, no porque no seamos honestamente y profundamente quienes somos, sino volvernos comunes por esta posible integración, por el intercambio que posibilita una equivalencia de lo diverso.
En esa equivalencia se construye un territorio común que permite, justamente, el encuentro.
La imagen: la mujer comienza tímidamente a hablar en un rincón del auditorio, pero pronto todas las miradas se han vuelto sobre ella. Lo que dice es lo que todxs sienten, lo que todxs piensan. Cada palabra profundiza el lazo entre su garganta y el corazón de toda su audiencia.
Venus
Venus
Venus en el signo de Leo siente atracción por las personas que son capaces de identificar, nutrir y desplegar sus pasiones.
Se enamora de quienes aman con intensidad y seduce también a través de la pasión, de la intensidad con la que es capaz de amar.
Lo que resulta valioso es aquello que alimenta nuestra esencia. Los recursos que incorporamos con avidez son aquellos que nos permiten abrir nuestro corazón al mundo y entregar delicadamente nuestra verdad interna a nuestra sociedad.
Aunque a veces puede enamorarse de sí mismx, esta Venus ama con una profunda intensidad. Lo bello y lo valioso están profundamente alineados con nuestra esencia, y la nutren y la alimentan.
Si bien es necesario tener cuidado con la indulgencia, y en particular con la asimetría en esa indulgencia —quiero decir, ser demasiado severxs con lxs demás y muy misericordes con nosotrxs mismxs, o viceversa, ser demasiado exigentes con nuestras propias creaciones e indulgentes con las ajenas—, la mejor forma de alojar comprensivamente lo que nos pasa es registrar qué necesitamos para desplegar en el mundo la potencia que nos habita.
Hay recursos fundamentales para que seamos capaces de producir aquello que está en nuestro corazón producir.
La imagen: un hombre se mira al espejo y ve en su rostro la belleza que todxs ven. Mueve su cara buscando imperfecciones, arrugas, toca su rostro. No termina de entender por qué genera tanta atracción, por qué las miradas caen en él como si fuera un centro de gravedad que hace orbitar a su alrededor la atracción. Se retira del espejo sin notar el brillo en su pecho.
Marte
Marte
Marte en el signo de Leo nos permite defender con firmeza y contundencia lo que somos.
Nuestros impulsos físicos, la potencia de nuestra voluntad, está profundamente sintonizada con lo que somos esencialmente. Lo cual trae un complejo desafío que es, justamente, el de permitirnos aparecer de un modo tan contundente y significativo.
Desplegarnos en el mundo es exponer la llama viva de lo que late dentro nuestro. Aparecer es mostrarnos pasionales, deseantes, vitales.
"La lucha es de igual a igual frente a unx mismx", dice Baglietto. Y este Marte lo sabe.
A veces puede traer la sensación de que una derrota se vuelve destructiva para la propia subjetividad. Esto puede llevar a pelear muy encarnizadamente frente a cada circunstancia, como si de ello dependiera la propia existencia.
Pero esa misma potencia, esa misma pasión, esa misma fiereza, pueden conquistar un espacio muy esplendoroso y vigoroso para nuestra individualidad en el mundo.
Quiero decir, Marte es, según Hesíodo, el guardaespaldas del Sol. Cuando está en el signo de Leo, está muy alineado con la agenda de ese Sol al que protege, al que apuntala, al que sostiene.
La imagen: una bailarina entrena, fortalece su centro y, desde allí, entrega al mundo lo bello que la habita.
Júpiter
Júpiter
Júpiter en el signo de Leo trae un encuentro profundo y significativo con el sentido a través del encuentro con la propia pasión.
La vida se vuelve brillante y potente en cuanto estoy alineadx con mi deseo. Y se apaga, se eclipsa, cuando tengo que responder a las demandas externas de un modo estructural y sistemático.
Quiero decir, si en la ecualización de mi vida diaria hay demasiado poco lugar para lo que soy y mucho espacio ocupado por lo que debo ser, la tristeza gana territorio y se vuelve una pasión irrefrenable.
Pero, en cuanto logro ensanchar el lugar que ocupa lo propio, rápidamente la alegría vuelve a nuestra boca, la vitalidad retorna a nuestro cuerpo.
El sentido de la vida pasa sencillamente por la pasión. Aproximarnos a lo que nos apasiona aporta sentido; alejarnos de lo que nos apasiona nos retira el paraguas de la protección.
Obviamente, toda pasión seria y sana implica a un otrx con quien entramos en diálogo para poder hacer aparecer lo que hay dentro nuestro.
La imagen: un hombre contempla a una joven violinista que toca en una estación de tren. Conmovido, se queda observándola, escuchando con atención y dedicación la pieza que la joven interpreta. Luego de dejar una cuantiosa suma de dinero en el estuche del violín, aplaude acaloradamente a la muchacha. Así, muchxs en la estación se suman al aplauso. La joven se sonroja y agradece profundamente el gesto.
Saturno
Saturno
Con Saturno en Leo aparece la gran capacidad de sostener y estructurar una vida alrededor del deseo y la pasión.
Pero normalmente esto será recién después de ser capaces de alojar amorosamente lo que nos habita, sin presionarnos para llegar a ser lo que no somos.
Reconocer lo que hay dentro nuestro, darle un lugar y permitirle salir sería la forma más prolija de funcionamiento de este Saturno.
Pero esto requiere, sin dudas, un proceso de maduración que, a lo largo de los años, vaya encontrando el espacio y la libertad con la que reconocer nuestros deseos y nuestras pasiones en su legitimidad, en su validez.
Saturno puede ser un gran castrador, pero también la fuerza que nos permita sostener la vitalidad de nuestras pasiones.
La imagen: después de horas de someterlo al calor extremo, el metal se ha vuelto líquido y está disponible para ser vertido en los moldes, en donde las piezas perfectas tomarán forma al enfriarse.
Quirón
Quirón
Cuando Quirón está en el signo de Leo, la herida de reconocimiento se ha vuelto parte de nuestros huesos. La sensación de no haber sido escuchadxs, tenidxs en cuenta nos ha hecho intentar de muchos modos posibles recuperar esa mirada. Buscamos durante muchos años, desesperadamente, algo que nos permita recuperar esa mirada que no estuvo, ese calor, ese afecto ausentes.
En un segundo momento de la vida, y una vez que logramos aceptar que el reconocimiento que nos faltó no puede ser recuperado, podremos producir escenas en las que seamos capaces de entregar y recibir ese reconocimiento en una actualidad conmovedora, que nos devuelve una sensación interna de calma y armonía, al mismo tiempo que nos integra con nuestra sociedad de una forma muy dulce y poderosa.
Urano
Urano
Urano en Leo nos hace sentir que la pasión y el deseo son rupturistas y extraños, que acercarse a lo que unx es y a lo que unx quiere es disruptivo y transformador.
Pero, al mismo tiempo, la propia individualidad estará inevitablemente asociada a una singularidad marcada, potente y significativa.
La necesidad de crear, dándole espacio a lo que hay de vanguardista y diferente en nuestra obra, convive con el profundo temor a quedarnos afuera, a ser expulsadxs en la búsqueda de nuestra propia identidad.
Crear es algo tan maravillosamente conmovedor y transformador como peligroso.
Aunque lo primero sea más cierto que lo segundo, ambas cosas se viven como si fueran una realidad.
Neptuno
Neptuno
Cuando Neptuno está en Leo, o en la casa 5, nuestra creatividad se vuelve mucho más voluminosa, voluptuosa.
Creamos desde adentro de una nube en la que la confusión va sembrando la posibilidad de que se asocie lo impensable.
La composición de una vida sigue la lógica de la poesía, una lógica con una cierta ternura, una lógica muy particular y dulce.
La propia identidad se vuelve escurridiza y colectiva. Tendemos a ser siempre parte de una multitud más grande que nos contiene y nos excede simultáneamente.
Plutón
Plutón
Plutón en Leo trae un temor muy profundo a ser quien se es. Una sensación de que la propia individualidad está manchada, teñida de una intensidad sucia.
Encontrarse con la propia individualidad es encontrar una potencia que, aunque dé miedo, es delicioso poner en juego.
Se es transformadorx en cuanto se admite ser potente.
Muchas veces puede aparecer una desmesura, un exceso de yo, que adquiere un lugar demasiado protagónico y central en la individualidad de la persona, haciendo retroceder el lugar del otrx en nuestra vida.
Pero también es extremadamente frecuente un defecto de yo, una enorme dificultad para entrar en contacto con la propia individualidad y desplegarla hacia afuera.
Nodo Norte
Nodo Norte
El Nodo Norte en el signo de Leo traza un destino en el que encontrarse con lo que realmente es valioso y tiene sentido para nosotrxs es también lo que nuestra alma vino a aprender a este mundo.
Así, ser quienes somos es el aprendizaje más profundo de nuestro ser.
Y cualquier gesto, actividad o encuentro que nos contacte con nuestra propia esencia puesta en movimiento será también un modo de hacerle lugar al propio destino, de encontrarnos con la forma en la que ese destino hace de nuestra vida un nido en el que crece lo verdadero, lo amoroso, lo potente, lo saludable.
Con el Nodo Norte en Leo, sonreír, celebrar, dejar entrar al corazón y dejar salir de él, a través de la sustancia expresiva, lo que nos habita, es prodigioso y transformador.
Y aunque a veces puede asustarnos, sin dudas nos enriquecerá.
Luna Negra
Luna Negra
La Luna Negra en Leo trae un profundo terror y una irrefrenable pasión que nos lleva una y otra vez a encontrarnos con el deseo, la pasión, el amor y una potencia subversiva y transformadora que no nos permite seguir siendo lo que éramos.
La ecuación entre la responsabilidad, lo que tenemos que ser y hacer, y nuestro deseo, se subvierte permanentemente con la Luna Negra en esta posición.
Muchas veces, acercarnos a lo que nos inflama el corazón nos asusta terriblemente, pero indudablemente habrá de insistir.
Nuestra pasión habrá de insistir, nuestras apetencias habrán de insistir, hasta que finalmente podamos hacerle un lugar en nuestras vidas.
Muchas veces, el amor se asocia con algo prohibido, dañino, destructivo y peligroso.
Poder asumir el riesgo de la pasión, desidentificándola de las cargas negativas que pudo haber tenido en la historia (por ejemplo, un padre que tuvo un amante, un abuelo que abandonó a su familia persiguiendo algo del orden de la pasión), es parte del trabajo con esta posición.
Poder despegar, entonces, los riesgos del pasado de la inevitable audacia que se requiere para poder habitar la propia pasión es parte del trabajo con esta Luna Negra.
Las Casas
Ascendente
Ascendente
Leo en la casa 1 implica un gran desafío: salir de la sombra de otrxs más grandes, más capaces y más potentes.
Aparecer, exponer, desplegar lo que nos apasiona, lo que nos interesa, lo que nos cautiva, es un gran desafío.
Pero, de algún modo u otro, la vida nos vuelve a llevar una y otra vez a encontrarnos con esta pregunta: ¿quién soy? ¿Qué quiero? ¿Dónde está lo que me apasiona, lo que me conmueve?
Y cada vez que algo de esta pregunta tiene lugar, crece al mismo tiempo el vínculo que somos capaces de tejer con nuestra propia esencia.
El destino nos invita incesantemente a hacernos cargo de la individualidad que somos, a asumir las propias particularidades, las propias necesidades, lo que nos entusiasma, lo que nos da placer, lo que nos causa.
Pero hacerlo, cada vez que lo hacemos, da vértigo, asusta y nos transforma irremediablemente.
Casa 2
Casa 2
En la casa 2, Leo demanda estar presente en nuestro trabajo, hacer una tarea que sea tanto fuente de dinero, de recursos, de ingresos, como de orgullo.
Sentir orgullo por lo que se hace, por lo que se es en el oficio y en la profesión, es tan importante como el dinero que obtenemos allí.
Incluso diría que el dinero no es más que el síntoma de lo que realmente estamos pudiendo poner en valor, o sea, la propia individualidad.
El trabajo es un espacio en donde logramos aparecer, encontrarnos con la mirada y el reconocimiento que necesitamos y queremos.
Un lugar en donde lo que somos finalmente se vuelve compartible. Un espacio para expresar la propia individualidad.
Somos también lo que tenemos, lo que retenemos y lo que acumulamos. Somos nuestra capacidad de generar riqueza y de compartirla.
Casa 3
Casa 3
En la casa 3, Leo hace de nuestra comunicación un espacio expresivo.
Un modo de ponernos en juego en el mundo, de compartir lo que habita dentro nuestro.
Expresarse a través de la voz, del canto y la palabra, incluso escrita, es la forma más orgánica de aparecer cuando Leo marca esta casa.
Suele haber también tensiones con lxs hermanxs en relación a quién es más visto, reconocido, mirado y admirado en el interior del hogar.
Y muchas veces, el vínculo con lx hermanx es un gran marcador de la propia identidad.
Casa 4
Casa 4
Cuando Leo está en el comienzo de la casa 4, parte de nuestras necesidades emocionales incluyen ser vistxs, reconocidxs, miradxs, ocupar un lugar central en el espacio familiar.
Más allá de si esta necesidad ha sido o no satisfecha en nuestra historia familiar, es algo que se queda con nosotrxs como un debe o como un haber.
Ocupar un lugar central en nuestra vida es algo que nos permite sentirnos a salvo, aunque en ocasiones tengamos que hacer un largo camino antes de poder ocupar esos lugares visibles y significativos en el seno de los espacios que habitamos.
Muchas veces el padre fue un personaje muy central dentro de la familia, y su mirada y su palabra fueron muy escuchadas.
La necesidad de reconocimiento puede llevarme a hacer muchos esfuerzos para ser alojadx en el corazón de mi familia.
Pero solo voy a obtener reconocimiento de aquellas personas que son capaces de verme. No de quien yo quiera o de quien necesite, sino de quien sea capaz de entrar en contacto con lo que yo tengo para dar, para decir, para compartir.
Casa 5
Casa 5
Leo en el comienzo de la casa 5 implica una relación muy acalorada con las propias pasiones.
Amamos con intensidad y deseamos encontrar en el mundo un espacio que albergue toda la potencia que hay en nuestro corazón y en nuestro deseo.
Pero esta fuerza se topa muy frecuentemente con la inhibición, con el temor, con la incomodidad, con la vergüenza.
Los cachetes colorados y la sensación de estar hablando de más, haciendo de más, diciendo de más, nos acompañan.
Del otro lado de la vergüenza hay un espacio para que la propia individualidad florezca. En el medio, habrá que aprender a correr el riesgo.
Ocupar el espacio no es sacar a nadie de allí, sino hacer de un lugar vacío un espacio habitable, vivible, poblar el desierto y convertirlo en un bosque cálido y húmedo.
Casa 6
Casa 6
La casa 6 en Leo implica que la propia vida requiere una rutina cotidiana en donde la creatividad sea una parte importante, no necesariamente vinculada con lo artístico.
La creatividad puede servirnos para diseñar una planilla de Excel, enriquecer un flujo de trabajo o animar conversaciones con nuestros clientes.
Lo importante es que cierto calor, cierta pasión, se vuelva parte de un recurso con el que contamos cotidianamente para compartirle al mundo lo que somos.
Que nuestra rutina de vida esté más o menos cerca de nuestra creatividad nos permite encontrarnos con un calor y una amorosidad constantes, nutritivas y que alegran nuestra vida.
Casa 7
Casa 7
Leo en la casa 7 tiene dos momentos claros y marcados.
En un primer momento pongo en las personas a las que amo atributos que en verdad me son propios, pasiones que tienen que ver conmigo. Por ejemplo, me enamoro del guitarrista de la banda, aunque en realidad quisiera tocar la guitarra. Me enamoro de un futbolista, pero mi deseo más secreto es ser parte de un equipo.
Hay un segundo momento en el cual una pareja es el espacio para reconocer lo que soy, potenciarlo y expandirlo.
Me enamoro de quienes son capaces de reconocer mi corazón, el brillo que me caracteriza.
Quien es capaz de verme también me permite a mí verme, y allí es posible crecer.
El arte es un espacio en donde mi propia individualidad adquiere brillo y belleza.
Ya sea consumiéndolo o produciéndolo, me permite darle forma a lo que soy y definir mi identidad de una forma precisa y contundente.
Casa 8
Casa 8
Cuando Leo está en la casa 8, es probable encontrarnos con grandes figuras en la historia de nuestra familia, cuya sombra se proyecta hasta nuestros días.
Desde lo positivo o desde lo negativo, hombres que han tenido una gran importancia marcan lo que concebimos posible y deseable en este presente.
Poder desprendernos de su embrujo abre el espacio de lo posible y nos permite componer y contactarnos con lo que verdaderamente habita dentro nuestro.
En nuestro linaje, en nuestro pasado, encontramos la tierra fértil que permite desplegar la profunda singularidad que nos habita.
Darnos espacio para ser quienes somos implica necesariamente apoyarnos en quienes han estado detrás nuestro, antes que nosotrxs.
Casa 9
Casa 9
Con Leo en la casa 9, nuestras ideas nos permiten descubrir quiénes somos, exteriorizarlo, compartirlo.
Esto trae el marcado riesgo de un sesgo ideológico que no nos permita concebir nada salvo lo que somos.
El peor de los efectos de este sesgo es justamente que se comprima demasiado la identidad.
Claro, en el medio muchas veces podemos volvernos dogmáticxs e incluso agresivxs con otrxs que no piensan como nosotrxs.
Pero, aun así, el mayor riesgo es que se acote excesivamente nuestra individualidad y que se empobrezca el abanico de recursos con los que contamos para poder concebirnos, pensarnos y compartirnos con el mundo.
La propia individualidad está muy asociada a los conocimientos que tenemos, a las verdades que sostenemos y a los saberes que fueron abriendo para nosotrxs un lugar en el mundo.
Casa 10
Casa 10
Con la casa 10 en Leo, necesitamos que nuestro oficio tenga que ver con nuestra identidad y encontramos, a su vez, lo que somos en el trabajo que hacemos, en lo que le brindamos al mundo.
El Medio Cielo es el punto a través del cual nos entrelazamos con nuestra sociedad, brindándonos, compartiendo lo que realmente es importante y valioso para nosotrxs.
Y lo que, al mismo tiempo, nos permite encontrarnos con esas regiones del mundo en donde lo que somos tiene sentido, valor, importancia e incluso, podría decir, adquiere realidad.
Con el Medio Cielo en Leo, hay una gran capacidad de liderar que requiere primero reconocer el propio deseo, la propia voluntad, el brillo de la propia individualidad.
Casa 11
Casa 11
La casa 11 en Leo indica que lxs amigxs son personajes muy importantes en nuestra vida.
Los grupos de los que somos parte nos permiten aparecer y desplegarnos.
Y lo que somos capaces de pensar y de concebir también está muy ligado con lo que nos apasiona, lo que nos atrae, lo que nos erotiza y las personas por las que somos capaces de sentir empatía.
Es cierto que una parte de lo que somos siempre resultará rara para lxs demás e incluso para nosotrxs mismxs, pero es una rareza que, en cuanto es asimilada y mirada con cariño, puede muy rápidamente articularse, generando lazos con otrxs.
La casa 11 en Leo hace, por un lado, que tendamos a tener una mirada bastante objetiva sobre el mundo y sobre nosotrxs mismxs, que muchas veces deberá pasar por un proceso de criba, de filtro. Los sesgos más frecuentes para esta posición son aquellos ligados a creer que lxs demás tienen más sesgos que nosotrxs.
Casa 12
Casa 12
Con la casa 12 en Leo, la historia de la pasión es una historia fundamental.
Los modos de amar de nuestra familia adquieren una dimensión muy significativa, importante, que nos marca hondamente.
El linaje paterno adquiere suma importancia, y lo que viene pasando en la historia de nuestra familia con el reconocimiento y el amor también se vuelve muy significativo.
La casa 12 en Leo me trae una necesidad de ser vistx, reconocidx, miradx, de que el mundo se adecue a lo que yo necesito y quiero, que muchas veces contrasta con la frialdad con la que el mundo se empeña en ser como el mundo sencillamente es, sin admitir los caprichos con los que yo intento que la realidad se acomode a mis zapatos.
No es la cabeza la que se ajusta al sombrero, sino al revés.
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Kit astrológico para habitar la tierra
Los acontecimientos celestes pueden ser el ruido que enturbia nuestra vida o la melodía que nos permite improvisar. En este podcast semanal voy a intentar describir el cielo para invitarte a mirar de otro modo lo que te pasa.
Si todo sale bien, además del análisis de tránsitos semanales haré algún que otro contenido más imperecedero para acompañarte en los días de la vida.
"Improvisar es unirse al mundo, confundirse con él."
— Deleuze y Guattari.