El silencio nos abre receptivamente a comprender lo que se nos escapa en las palabras. A veces, esa escucha nos desconcierta y la rechazamos, a veces nuestras fantasías hacen demasiado ruido y no nos permiten entender lo que aparece; pero cuando algo de lo cierto nos contacta, nuestra alma respira. La verdad trae alivio, aunque nos pueda angustiar al principio.
A veces, dejarse sostener es un gesto pasivo y calmo en el que hacemos la plancha en el mar del afecto. El mundo se vuelve suave y melodioso y nos lleva hacia la orilla de nuestro destino. Pero a veces dejarse sostener es liberar el pulso que venimos reteniendo dentro, dejarlo salir y construir con ese grito, con esa furia, con esa fuerza guardada un territorio nuevo que nos aloje.
Cuidar es un modo de estar presente en la vida del otrx que requiere precisión y presencia. La fragilidad del otrx implica una asimetría que hay que aprender a acompañar sin imponerse. Es necesario escuchar con delicadeza y honestidad dónde estamos realmente asistiendo y cuándo imponemos nuestro modo de ver el mundo a quien no tiene la fuerza para resistirse.
Aprender a dejarse cuidar es realmente difícil para muchas personas, que prefieren resolver por sí mismas lo que les aqueja. Entregarse a la ayuda, al sostén de alguien más es una experiencia peligrosa y compleja que convoca grandes reacomodamientos emocionales. Ser vulnerable frente al otrx da miedo, pero aprender a entregarnos trae la dulce recompensa de incorporar una sutil y potente verdad: sin cuidados no es posible la humanidad.
Esta luna nos abre a consolidar internamente nuestra capacidad de amar. Con lo difícil que es, con la vulnerabilidad que conlleva, con la fragilidad que nos implica poner en juego, con el vértigo que trae la aventura misteriosa de abrirse a amar, a viejos o nuevos amores que nos permiten reinventar y descubrir propia capacidad de entregarnos suavemente a las pasiones que nos habitan.
Los sueños revelan contenidos ocultos en nuestro inconsciente, y nos invitan a volvernos permeables a aquello que nos excede y sin embargo nos compone. No todo lo que somos aflora de nuestra voluntad, más bien podría decir que es delgada la línea en la que elegimos, y muy amplio el espacio de lo que nos decide, de lo que nos hace. Sin embargo, elegir es lo que permite que esa delgada línea del yo exista, y es tan fundamental hacerlo, como recordar con humildad todo lo que nos habita sin que podamos decidirlo.
Desarrollar la individualidad es un proceso complejo que haremos en la cuerda floja entre lo excesivamente rígido y una apertura que también nos borra y nos destruye. Hay una forma de ver la identidad dinámica y firme, con la consistencia borrosa de una medusa, que se distingue apenas del agua; pero que en esa distinción su vida se vuelve posible. Sin su piel delgada y viscosa, el mar la desintegraría.
Una cáscara de nuez recorre el mar. De pronto, se topa con una tempestad que sería capaz de hundir barcos enormes. Entre las llamaradas de viento y los aludes de lluvia, la nuez permanece, como un milagro innecesario.
En esta casa, la luna nueva nos invita a conectar con la sensibilidad a la que nos resistimos. Llorar, recordar, indagar en la memoria para reconectar con cosas que hemos olvidado. Pero también puede ser un momento en el que caigan los velos y la realidad se muestre en su crudeza. Lo que hemos sostenido con los alfileres de la fantasía, caerá al suelo con pesadez. Nos invita también a darle espacios expansivos y creativos a nuestra potencia individual, disolviendo con la fuerza de esta luna aprehensiones excesivas a una realidad pobre y rígida que está también en nuestra fantasía. En especial para los ascendentes en Piscis, esta luna trae un encuentro con el destino que nos empeñamos en evitar: la humildad de ser parte de algo más grande, la potencia de ser quienes somos.
En esta casa, la Luna Nueva nos invita a registrar todas las memorias que guardamos en las cosas y todas las cosas que guardamos en la memoria. La vida requiere, inevitablemente, que dejemos atrás lo que ya no funciona, lo que ya no tiene asidero en nuestro presente. Pero, al mismo tiempo, también nos demanda atesorar sabiamente las herramientas y los recursos que son necesarios para nuestro camino. Durante esta Luna nueva aparecen algunos posibles criterios para distinguir la paja del trigo, lo que nutre de lo que ensucia, lo que es valioso de lo que lo fue. Disfrutar es abrirse a que el tiempo se escurra en nuestro cuerpo, abrirse a perder, a gastar, a dejar ir.
Hay silencios que obstruyen la garganta, que guardan lo callado, lo profundo de nuestra alma, y nos impiden decir lo que necesitamos decir. Pero hay silencios que permiten escuchar, alojar en nuestro interior una voz externa. Cuando escuchamos, algo nuevo suena para nosotrxs, aunque ya lo hayamos pensado, aunque ya lo hayamos visto. Está dicho de otro modo, tiene otra textura y otra calidad. Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río y nunca escuchamos dos veces las mismas palabras, porque cada palabra que pasa por nosotrxs nos construye, nos transforma, abre nuevas capas de nuestra interioridad. Muchas veces necesito decir lo callado para poder hacer silencio realmente, pero a veces solo necesito darme espacio y nombrar.
Aprender a cuidarse, está dicho en el texto, es parte central de lo que trae esta Luna nueva, pero en esta casa el desafío se vuelve mayor. ¿Cómo disipar las brumas de la historia a la hora de componer un territorio de cuidados que dialogue con nuestras necesidades presentes? ¿Cómo dejar atrás la búsqueda de recuperar lo que no tuvimos, lo que no vamos a tener, lo que no volverá jamás? Dejar atrás es tan importante como inaugurar. El primer gran paso, el primer movimiento, es aceptar la pérdida de lo que ya no tenemos. Y luego el espacio para la creación nos invitará a componer nuevos gestos, nuevos encuentros, nuevas miradas. Esta Luna nueva disuelve, y facilita así la pérdida.
En la creatividad hay un componente lúdico que inevitablemente convoca a nuestra inocencia. Esta Luna nueva le da espacio al niño, a la niña, para poder expresarse, desplegarse, contactar con el mundo de un modo confiado y calmo que propicia nuestro ser adultxs. Cuidarnos, entonces, para poder aparecer. Aparecer para que algo de lo que habita en nuestro mundo interior pueda ser compartido, abierto, entregado al mundo con generosidad y alegría. Compartir para volver a quedarnos con espacio en nuestro interior, con un espacio que habilite preguntas nuevas, búsquedas nuevas, indagaciones que nos permitan convertirnos en lo que todavía no somos.
Oliverio Girondo dice que, por más que los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles. La rutina nos teje una telaraña sobre los ojos que atrapa lo que se repite y deja ir lo diferente. Esta Luna nueva caotiza, desordena, embriaga nuestra vida diaria, trayéndonos la inevitable necesidad de mirar con ojos nuevos, de ver de otro modo lo que está sucediendo. Las enfermedades muchas veces tienen detrás una profunda melancolía, un anhelo silencioso de retornar a la luz. Es bueno evitar entregarse a lo que nos destruye y, por el contrario, favorecer la entrega a lo que nos permite vivir.
La casa 7 es la casa de los vínculos. Cuando la Luna cae aquí, nos invita a reorganizar nuestro mundo interior que, de alguna forma u otra, compusimos alrededor de nuestros vínculos íntimos o de su ausencia. Quiero decir: una parte de lo que somos se proyecta en el otrx y una parte de lo que el otrx es logra penetrar nuestras defensas y mostrarnos algo de lo que no somos. Esa ecualización variable marca todos los vínculos. En esta Luna nueva es posible reordenar cuánto de lo propio ponemos en el otrx y cuánto entra a nuestra propia interioridad de aquello que no somos. Mientras más profundo sea el encuentro, más transformador se vuelve el vínculo. Esta transformación tiene una gran dirección: acercarse a ser enteramente unx mismx.
La pertenencia, los esfuerzos que hacemos para pertenecer y lo que sostenemos para garantizar ser parte, se verán incomodados en esta Luna. Podría decir que el punto más saludable de vinculación con nuestra familia de origen, con nuestro linaje, es poder sentirnos parte gratuitamente. O sea: no es necesario hacer nada para garantizar nuestra pertenencia, para comprarla. El simple hecho de nacer nos garantiza que somos parte. Si aceptamos esa pertenencia gratuita, necesariamente también aceptamos el regalo que nos da nuestro pasado. Y con ese regalo se vuelve posible ser quienes somos e ir hacia el único lugar al que podemos ir: el futuro. Mientras más hacemos en nombre del pasado, más padecemos. Mientras más logramos tomar con una sonrisa lo que la historia tiene para darnos, más logramos abrirnos paso hacia el único lugar en donde nuestra felicidad es al menos posible.
Nuestras convicciones nos sostienen. Sostienen una imagen del mundo en la que todo aparece ordenado, claro. Esto nos da calma. Lo más insoportable es no entender. Esta Luna nos invita al caos, a un desorden creativo que expande nuestra capacidad de interpretar la realidad, disolviendo algunas rigideces emocionales que sostienen argumentos intelectuales. Por supuesto, esto nos pasa a todxs. Algo de lo que pensamos se sostiene sobre lo que sentimos. Algo de lo que entendemos se construye alrededor de lo que necesitamos. Muchas de las ideas que aparecen a nuestra conciencia como neutras no son en realidad otra cosa que una defensa emocional que encontró buenos argumentos. La libertad aparece del otro lado de estas pequeñas cárceles hechas con barrotes de convicciones. En particular, cuando las convicciones nos llevan a hacer cosas en contra de nuestro propio deseo, en contra de nuestros propios intereses.
Lo obvio cuando entramos en esta casa es hablar del oficio y de la profesión, y de cómo esta Luna nos permite concebir, imaginar, idear nuevos lugares posibles para desplegarnos profesionalmente. Incluso es posible dar comienzo a proyectos que en un futuro tengan mucha riqueza y sean muy propicios para desplegar nuestra interioridad. Pero la casa 10 también, según algunas miradas, es la casa de la madre. Y con esta Luna nueva pienso que habrá una invitación a reconfigurar lo que adentro nuestro todavía es fiel a esa sombra de mamá en nuestra memoria. Encontrar otros modos del afecto que puedan desplazar la forma de amar de nuestra madre nos abre al mundo en nuestra sensibilidad, en nuestra vulnerabilidad, para permitirnos ser contactadxs por otros modos del amor.
Inevitablemente, nuestro pensamiento está nublado por la emoción. Nunca vemos a través de un cristal perfectamente transparente, sino que siempre pensamos a través de una sustancia espesa que deforma lo real. La imparcialidad puede ser una búsqueda, pero en tanto se asuma su imposibilidad. Es saludable, por supuesto, pero es necesario aceptar que es siempre parcialmente imposible. Lo que sí es posible es indagar en las razones emocionales que están detrás de aquellas ideas y de los paradigmas que sostenemos. Así como también es posible encontrar en nuestrxs amigxs, en su afecto, otras verdades que conmuevan las propias, las amplíen, las complejicen y les den un poquito más de realidad.
En cada gesto, en cada acción, en cada impulso habitan preguntas, sensaciones y emociones abrumadoras que logramos destilar para poder ponernos en acción. Muchas veces el peligro es que gane lo abrumador y caigamos en la inacción. Esta Luna nueva disuelve nubosidades que arrastramos hace tiempo, potenciando la invitación de la vida a salir, a ser, a activar, a accionar. Y a hacerlo, a la vez, de modos realmente nuevos. No se trata de volver a enredarnos en los mismos callejones sin salida, sino de encontrar realmente un sendero nuevo que nos lleve a otro lugar, desconocido, en donde la vida tome otros colores. Salir del sepia del pasado es posible y deseable.
Una luna nueva junto al Sol permite el descubrimiento del mundo emocional, de cómo es vivir una emocionalidad que permita y potencie la expresión de nuestra esencia. Abre un ciclo que nos permite vernos más íntima y profundamente, habilitándonos el espacio para construir nuevas bases emocionales que nos abran al mundo, que no nos dejen encerrados. Si está exáctamente en el mismo grado, se liga a la revolución solar, y marcará un año muy profundo y transformador de nuestros mundos emocionales.
Cuando la luna nueva cae sobre la luna natal nos llevará a hacer conscientes mecanismos emocionales que necesitamos elaborar para construir seguridad emocional. Habilita un período de revisión profunda de nuestra historia y un contacto más estrecho y presente con nuestro mundo emocional que nos permite ser más eficientes en la forma de darnos seguridad, y dejar de repetir tan ciegamente cosas que nos hacen daño.
En contacto con Mercurio, la luna nueva nos anima a pensar de otro modo nuestro mundo emocional, abriéndonos a detenernos y sentir un poco más. Aportan nuevos ímpetus y nuevos impulsos a nuestra curiosidad y a nuestras ganas de aprender o comunicar lo que sabemos. Nuestra comunicación en este período está favorecida y podemos encontrar modos nuevos de decir lo que somos.
En contacto con Venus, nos anima a desplegar nuevos modos de desear, de incorporar sustancia y de crear. Registrar qué seguridad necesitamos para poder sentir placer, pero también qué sustancias concretas participan en nuestra seguridad. Nuestros vínculos se verán transformados, abriendo nuevas posibilidades de reconocimiento, nuevos contactos posibles con otres.
En contacto con Marte, la luna nos lleva a inventar nuevas formas de aparecer y mostrarnos en el mundo. Nos invita a darle lugar a nuevos fragmentos de nuestra identidad para que se expresen en el mundo. Nos lleva a hacer procesos emocionales que liberen una fuerza capaz de abrirnos un espacio en lo exterior, sacándonos del encierro de lo conocido.
Cuando la luna nueva toca a Júpiter nos renueva cierto optimismo y cierta alegría, nos vuelve accesibles cierta confianza y claridad, y acerca la posibilidad de concretar las metas y los proyectos que más nos encienden.
En contacto con Saturno, la luna nueva nos invita a revisar los límites que necesitamos construir para darnos una seguridad real y sólida. Dejar de exigirnos tanto y sostenernos más puede ser un alivio que traiga este contacto. Abre un ciclo de revisión en lo profesional y trae también una invitación a la flexibilidad que a veces implica ablandarse y a veces tonificarse.
En el contacto con Quirón, la luna nueva nos invita a hacer consciente algo de aquella herida incurable que nos marca como seres humanxs, acercándonos un pasito más a la posibilidad de aceptar lo irremediable de lo acontecido y lo potente de la vida que nos quedó entre las manos a pesar y a través de todo lo vivido.
En contacto con Urano, la luna nueva nos trae la necesidad de abrir, de ponerle una puerta a nuestra casa y salir, entrar en contacto con lo que nos excede, improvisar y dialogar con el afuera más fluidamente. Acerca un contacto con el mundo que a veces puede quedarnos un poco lejos. Nos anima a mirar desde más lejos, con otras perspectivas, lo que somos, nuestra identidad.
Tocando a Neptuno, la luna nueva nos invita a renovar las ilusiones y los anhelos que marcan nuestra vida. Aceptar que son inútiles los esfuerzos que hacemos para recuperar lo perdido, pero también aceptar que siempre hemos estado unidxs al todo. Nuestra separación es una forma específica de estar unides al todo.
Una luna nueva en contacto con Plutón nos permite observar mecanismos emocionales profundos a través de los que garantizamos nuestra supervivencia y luchamos contra la muerte. También invita a registrar los esfuerzos que hacemos para ser parte y la represión con la que contenemos nuestra fuerza vital. Trae la posibilidad de desplegar el deseo en direcciones nuevas, darle cauces creativos a nuestra líbido y gozar de nuestra potencia.
Cuando la luna nueva toca a Lilith nos desafía acercarnos a una fuerza incómoda y transformadora que habita en la región más profunda de nuestro ser. Acerca, también, a la conciencia mecanismos emocionales muy compulsivos y miedos profundos que necesitan irse despejando.
Cuando la luna nueva toca el Nodo Norte natal nos invita a acercar a la conciencia una fuerza profunda que habita en nosotres y que podría ser pensada como la voz de nuestro espíritu. El desafío que nos trae el nodo norte es el de animarnos a incorporar la sustancia del signo en el que se encuentra. Una luna nueva en contacto con ese punto nos acerca esa energía misteriosa y potente que tiene tanto que ver con nosotres aunque todavía no sepamos cómo.